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EL INFIERNO 

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Lo que es el fuego del Infierno y el crujir de dientes

566. Lo que es el fuego eterno y el crujir de dientes apenas es sabido por hombre alguno hasta ahora, por la razón de que han (pensado) materialmente de lo que con respecto a esto se dice en el Verbo y no conociendo su sentido espiritual; así es que por "fuego" han entendido algunos un fuego material, algunos el sufrir tormentos en general algunos los remordimientos de la conciencia, algunos que se ha dicho sólo con el objeto de infundir terror del mal; y por "el crujir de dientes" han entendido algunos el crujir natural, algunos sencillamente un horror como el que se suele experimentar al oír tal choque de los dientes"; pero él que conoce el sentido espiritual del Verbo puede saber lo que es el "fuego eterno", y el "crujir de dientes” porque en cada expresión y en el sentido de cada expresión del Verbo hay un sentido espiritual, puesto que el Verbo en su seno es espiritual, y lo espiritual no puede expresarse al hombre más que de una manera natural, puesto que el hombre se halla en el mundo natural y piensa a raíz de las cosas que allí hay. Lo que es el " fuego eterno" y el “crujir de dientes” en que entran los malos después de muerte, o los cuales sufren sus espíritus, que entonces se hallan en el mundo espiritual; se dirá — pues — en lo que a continuación sigue.

567. Hay dos orígenes de calor, uno del sol del cielo, que es el Señor, otro del sol del mundo. El calor que viene del sol del cielo o sea del Señor, es un calor espiritual que en su esencia es amor (véase arriba, n. 126-140) pero el calor del sol del mundo es un calor natural, que en su esencia no es amor, sino que sirve al calor espiritual; o sea al amor de receptáculo. Que el amor en efecto es calor puede ser claro por el enardecimiento del ánimo y del cuerpo a causa del amor, con arreglo a su grado y a su calidad, y esto en el hombre en invierno y en verano sin diferencia; también puede verse por el calor de la sangre. Que el calor natural que viene del sol del mundo sirve al calor espiritual de receptáculo es claro por el calor del cuerpo, que se despierta por el calor de su espíritu y mantiene este, particularmente por el calor de primavera y verano en toda clase de animales, los cuales entonces vuelven a sus amores; no que este calor produce este efecto, sino que adapta sus cuerpos al recibimiento del calor que desde el mundo espiritual influye también en ellos; porque el mundo espiritual influye en el natural como la causa en su efecto. Él que cree, que el calor natural causa estos amores se engaña mucho; porque existe un influjo del mundo espiritual en el mundo natural, y no un influjo del mundo natural en el espiritual, y todo amor es espiritual puesto que pertenece a la vida misma. Asimismo se engaña quien cree que cosa alguna nace en el mundo natural sin el influjo del mundo espiritual, porque lo natural ni nace ni subsiste sino por virtud de lo espiritual. También, los objetos en el reino vegetal derivan de allí su virtud germinal; el calor natural que existe en la primavera y en el verano no hace más que disponer las semillas en sus formas naturales, hinchándolas y abriéndolas, a fin de que el influjo del mundo espiritual pueda allí obrar como causa. Esto queda dicho a fin de que se sepa que hay dos (clases) de calor, es decir espiritual y natural, y que el amor espiritual viene del sol del cielo y el calor natural viene del sol del mundo, que el influjo y luego la cooperación producen los efectos que se presentan ante la vista en el mundo.

568. El calor espiritual en el hombre es su calor vital, puesto que, según queda dicho, es en su esencia, amor. Este amor es lo que se entiende por "fuego" en el Verbo; el amor al Señor y el amor al prójimo por "el fuego celestial"; el amor a sí mismo y el amor al mundo por "el fuego infernal."

569. El fuego infernal o amor infernal viene del mismo origen que el fuego celestial o amor celestial, es decir, del sol del cielo que es el Señor, pero se convierte en infernal por los que lo reciben; porque toda influencia del mundo espiritual es modificada conforme el recibimiento o según las formas en las cuales influye, de la misma manera que el calor y la luz del sol del mundo. El calor de este, al influir en arboledas y plantíos de flores, causa germinación, produciendo asimismo gratos, olores y aromas deliciosas, mientras el influjo de este mismo calor en excrementos y materias cadavéricas causa una putrefacción que produce vahos nauseabundas y hedores. De la misma manera la luz del mismo sol produce en cierto objeto colores hermosos y gratos, y en cierto otros colores sin hermosura y desagradables. Así también el color y la luz del sol del cielo que es el amor. Cuando el calor o el amor de este influye en bienes, como por ejemplo en hombres y espíritus buenos y en ángeles, fertiliza estos bienes, pero cuando influye en los malos causa un efecto contrario, porque los malos o lo sofocan o lo trasforman. Cosa igual sucede con la luz del cielo; al influir en las verdades del bien da entendimiento y: sabiduría, pero cuando influye en los males de las falsedades se convierte en locuras y varias fantasías. Así en todas partes según el recibimiento.

570. Puesto que el fuego infernal es el amor a sí mismo y al mundo, es pues, también, toda pasión que pertenece a estos amores, siendo así que la pasión es el amor en su continuación ininterrumpida; porque lo que el hombre quiere, esto apetece continuamente; es también un placer, porque, lo que el hombre ama o apetece, siente como ameno al recibirlo. Por esto y no por otra causa tiene el hombre el goce agradable de su corazón. El fuego infernal es pues aquella pasión y aquel gozo que fluyen de estos dos amores, como punto de origen. Estos males son el desprecio de los demás, la enemistad y la hostilidad contra los que no les favorecen, la envidia, el odio, el rencor, y por estos la ira y las crueldades; con respecto a lo Divino, son la negación y por ello el desprecio, la mofa y la blasfemia de las cosas santas, que pertenecen a la iglesia, y después de la muerte, cuando el hombre pasa a ser espíritu, se convierten en ira y odio contra estas mismas cosas (véase arriba, n. 562); y siendo así que estos males respiran continuamente la destrucción y el exterminio: de los que ellos creen sus enemigos, y contra quienes arden en odio y en rencores, es por consiguiente el gozo de su vida el querer destruir y matar y si no pueden, lograr esto, desear causarles perdidas, perjudicarles y rabiar contra ellos. Estas cosas son las que se entienden por "fuego" en el Verbo, en lugares que tratan de los malos y de los infiernos, de los cuales por vía de confirmación citaré algunos pasajes:

Todos son falsas y malignos; y toda boca habla necedades... puesto que la maldad arde como fuego, cardos y espinas devora,  encendiendo la espesura de la breña y elevándose con el humo, y el pueblo es hecho alimento del fuego, un hombre no tendrá piedad de su hermano (Isaías 9: 17-19).

Daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre y fuego y columnas de humo... El sol se tornará en tinieblas (Joel 2: 30, 31).

Y sus arroyos se tornarán en pez, y su polvo en azufre, y su tierra en pez ardiente. No se apagará de noche ni de día, perpetuamente subirá su humo: de generación en generación será asolada, nunca jamás pasará nadie por ella. (Isaías 34:9, 10).

He aquí el día viene ardiente como un homo y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa y aquel, día que vendrá los, abrasará (Malaquías 4: 1).

Babilonia... es hecha habitación de demonios... y viendo el humo de su incendio dieron voces... y su humo subió para siempre jamás (Apocalipsis 18: 2, 18; cap. 19: 3).

Abrió el pozo del abismo, y del pozo salió humo como el humo de un gran horno, y oscurióse el sol y el aire por el humo del pozo (Apocalipsis 9: 2)

De la boca de ellos salió fuego y humo y. azufre... de estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres, del fuego y del humeo y del azufre (Apocalipsis 9: 17,18).

El que adora a la bestia... beberá del vino de la ira de Dios, echado puro en el cáliz de su ira y será atormentado con fuego y azufre (Apocalipsis 16: 9, 10)

Él cuarto ángel derramó su copa sobre el sol y le fue dado quemar á los hombres con fuego, y los hombres se quemaron por el grande calor  (Apocalipsis. 16: 8, 9)

Fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego ardiendo en azufre (Apocalipsis 19: 20; cap. 20: 14,15; cap. 21: 8). Todo árbol que no hace buen fruto será cortado y echado al fuego (Mateo 3: 10; Lucas  2: 9).

Enviará el Hijo del Hombre sus ángeles y cayeran de su reino todos los escándalos, y los que hacen iniquidad y los echarán en el horno de fuego (Mateo 13: 41, 42, 50).

El Rey dirá... a los que estarán a la izquierda: apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y para sus ángeles (Mateo 25: 41).

Y ser echado en el fuego eterno... en el fuego de gehena donde su gusano no muere y el fuego nunca se apaga (Maleo 18: 8, 9; Marcos 9: 43-49).

El hombre rico en el infierno a Abrahán: que era atormentado en aquella llama (Lucas 16: 24).

En estos pasajes y en varios otros lugares se entienden por "fuego" las pasiones del amor a sí mismo y al mundo, y por el humo que viene del mismo, la falsedad que viene del mal.

571. Puesto que por "el fuego infernal" se entiende la pasión de obrar las cosas malas que vienen del amor a sí mismo y al mundo, y puesto que cada uno en el infierno tiene tal pasión — véase el artículo precedente — al abrirse los infiernos, se ve una cosa parecida a fuego con humo, cual suele haber en incendios; de los infiernos, donde reina el amor a sí mismo se ve salir un fuego denso; de los infiernos donde reina el amor al mundo un fuego de llama, pero cuando se hallan cerrados no hay tal semejanza de fuego, sino en su lugar una cosa tenebrosa envuelta en denso humo; en lo interior arde sin embargo lo que parece fuego, lo cual he podido notar por el calor que despide, cuyo calor es semejante al que despiden cosas quemadas después de un incendio; en algunas partes es como el calor de un horno caliente, y en otros lugares como el de la calidez de un baño; cuando este calor influye en el hombre, enciende en él pasiones; en los malos odio y rencor, y en los enfermos, locura. Tal fuego o tal calor tienen los que se hallan en los expresados amores, siendo así que con respecto a sus espíritus se hallan unidos a estos infiernos, aún mientras viven en el cuerpo; pero hay que saber que los que están en los infiernos no se hallan en medio de fuego, siendo el fuego una mera apariencia, porque no sienten allí cosa alguna ardiente, sino tan sólo un calor tal cual anteriormente sentían en el mundo. La apariencia de fuego viene de la correspondencia, porque amor corresponde al fuego, y todas las cosas que aparecen en el mundo espiritual, aparecen conforme las correspondencias.

572. Nótese bien que este fuego o sea el fuego infernal se convierte en un frío intenso al influir el calor del cielo, y entonces estremecen, los que están allí, cómo los que experimentan escalofríos; y sufren tormentos en su interior, todo por la razón de que están en completa oposición a lo Divino, y el calor del cielo que es amor Divino, apaga el fuego de los infiernos, que es amor a sí mismo y con este el fuego de su vida, de lo cual resulta el indicado frío, y el consiguiente temblor así como el tormento. Resulta allí entonces también negras tinieblas, y por esto entorpecimiento y ofuscación. Por esta razón se ocurre rara vez, y sólo cuando los insultos exceden los límites y han de ser reprimidos.

573. Puesto que por el fuego infernal se entiende toda pasión por obrar el mal que fluye del amor a sí mismo, se entiende por el mismo fuego, igualmente un tormento como, el que existe en los infiernos, porque la pasión de este amor es una pasión de perjudicar a otros, que no les honran, estiman, y adoran, y en la medida que por ella se enfurecen y por el furor abrigan en sí odio y rencor, en esta medida es fuerte en ellos la pasión de rabiar contra otros; y cuando tal pasión hay en cada individuo en una sociedad, donde no existen vínculos exteriores, cuales son temor de la ley y de perder la reputación, la honra, las ventajas y la vida que les puede mantener dentro de límites, se lanza uno sobre otro impelido por su mal, y en cuanto pueda subyuga a los demás, poniéndolos bajo su soberanía, y contra los que no se someten rabia por gusto. Este goce está estrechamente unido al goce de dominar, hasta el punto de que existen juntos en igual grado, siendo así que el gozo de perjudicar se halla en la enemistad, en la envidia, en el odio y en el rencor, los cuales son los males de este amor, según se ha dicho más arriba; todos los infiernos consisten de tales sociedades, por lo cual todos allí llevan en el corazón odio a los demás, y a consecuencia del odio rabian cuanto puedan. Estas rabias y los consiguientes tormentos se entienden también por el "fuego infernal" porque son los efectos de la pasión.

574. Antes, en n. 548, se ha expuesto que un espíritu malo se echa de sí, mismo al infierno, por lo cual se dirá con pocas palabras como esto se verifica, viendo que en los infiernos sin embargo existen tan grandes tormentos. Cada infierno exhala una esfera de las pasiones en las cuales están los que se hallan allí; al percibirse esta esfera por él que se halla en una pasión igual, es afectado en su corazón y se llena de gozo, porque la pasión y su gozo forman uno; lo que uno apetece es para el grato; por esto el espíritu se dirige allí; y se acerca allí con gozo cordial. Es que todavía ignora que allí hay tales tormentos, y él que lo sabe se acerca no obstante, porque en el mundo de los espíritus nadie puede resistir a su pasión, puesto que la pasión pertenece a su amor y el amor pertenece a su voluntad y la voluntad a su naturaleza, y todos y cada uno obran allí por naturaleza. Cuando por lo tanto el espíritu, por su libre albedrío, o por propia libertad llega a su infierno y entra allí, es al principio recibido amigablemente, creyendo por lo tanto que ha venido entre amigos, pero esto dura tan sólo algunas horas; entretanto es examinado en cuanto a su astucia y por consiguiente a su facultad; y después de estar examinado empiezan a molestarle, y esto de varias maneras, y poco a poco con más brío y más insistencia, verificándose esto mediante introducción más adentro y abajo en el infierno, porque cuanto más adentro y abajo tanto más malignos son los espíritus allí; después de las molestias empiezan a rabiar contra él con castigos y esto hasta hacerle esclavo; pero puesto que allí sobrevienen continuamente movimientos rebeldes, siendo así que allí cada uno quiere ser el primero y arde en odio contra los demás, surgen en su consecuencia, nuevas molestias. Así se transforma da escena en otra, y los que han sido hecho esclavos son librados; a fin de que presten su ayuda a algún nuevo demonio para subyugar a los demás; entonces los que no sé someten ni obedecen a su capricho, son nuevamente atormentados de varias maneras y así sucesivamente. Tales son los tormentos del infierno que se llaman “el fuego infernal.”

575. El "crujir de dientes," por otra parte, es una continua lucha de las falsedades entre sí, por consiguiente entre los espíritus que se encuentran en falsedades; cuya lucha va asimismo unida al desprecio de los demás, a las enemistades, a la mofa, la burla y la blasfemia, las cuales también exploten en desgarramientos de varias especies; porque cada uno lucha por su falsedad sosteniendo que es verdad. Estas disputas y luchas se oyen fuera de estos infiernos como crujir de dientes, y se convierten también en crujir de dientes cuando las verdades del cielo influyen allí: En aquellos infiernos están todos aquellos que han reconocido la naturaleza y negado lo Divino; en lo más hondo están los que se han confirmado en ello. Puesto que estos no pueden recibir luz alguna del cielo, y por lo tanto nada pueden ver en su interior, son por la mayor parte sensuales-corporales y estos son los que nada creen más que lo que ven con los ojos; y tocan con las manos; por esto mismo todas las falacias de los sentidos son para ellos verdades, y a base estas disputan. Por esto sus disputas se oyen como un crujir de dientes, porque en el mundo espiritual todas las falsedades crujen, y los dientes corresponden a las cosas extremas de la naturaleza, y también a las cosas extremas del hombre, las cuales son las cosas sensual-corporales. (Que un crujir de dientes existe en los infiernos puede Verse en Mateo 8: 12; cap. 13: 42, 50; cap. 12: 13; cap. 24: 51; cap. 25: 30.  Lucas 13: 28.)